domingo, 11 de abril de 2010

Syria Poletti

Syria Poletti nació en Pieve di Cadore, ciudad al norte de Italia, en 1917. La emigración de sus padres a Argentina, en búsqueda de mejores oportunidades, la llevó a crecer bajo la sensación de abandono, el cual para una niña de nueve años no se justificaba, pese a las precarias condiciones económicas, sobre todo viniendo de una madre.

El abandono se compensó con la figura de su abuela, quien se transformó en una madre para ella, no sólo en lo emocional, sino también en lo artístico. Arrancada de los brazos de esta madre por un tío que veía en el bienestar económico lo único necesario para una niña, se transformó en una joven rebelde, cuyo castigo fue la internación en un orfanato.
El abandono absoluto no la intimidó, como sí lo hizo una escoliosis deformante que transformó su columna en el peso más limitante de su vida. Sólo al alcanzar la madurez su deformidad se transformó en un estímulo artístico, dejando de ser simplemente un obstáculo para el amor sexual. A los 21 años, luego de titularse como maestra, quiso emprender viaje a la Argentina junto con su hermana Beppina, también abandonada pero más conforme. Sin embargo, no fue considerada apta para el viaje y tuvo que esperar que su hermana viajara y desde Buenos Aires consiguiera un permiso para ella.

Argentina se transformó en su segunda patria, pese a las dificultades económicas y culturales que en los primeros años la acompañaron. No obstante, fue en esta tierra lejana donde se consagró académica y artísticamente.
Su éxito no fue gratuito, realizó enormes esfuerzos y sacrificios para sobrevivir haciendo lo que más le gustaba y lo que esa tierra nueva y llena de historias le permitía hacer: crear como su abuela le enseñó. Por eso decidió trasladarse a Buenos Aires, la capital política y literaria de Argentina, que la pobreza y la soledad no pudieron desvirtuar.

El éxito la acompañó hasta los años ochenta, cuando la situación política y la crisis social tuvieron como primeras víctimas a los artistas. La sensación de abandono que había marcado su infancia fue una huella inevitable en su vejez. Los lectores y el círculo artístico la abandonaron. No había ánimo, ambiente, ni muchas posibilidades de acceder al arte. Pero Syria renació y siguió publicando, dedicada a esos libros que la hacían recuperar lo que sintió perdido en Italia: los libros infantiles.

Syria Poletti tuvo una producción literaria vasta y exitosa desde el comienzo. En 1961 publicó su novela "Gente conmigo", que obtuvo el Premio Internacional Losada y el Premio Municipal de Buenos Aires, seleccionada entre las diez mejores novelas sudamericanas por la Editorial Alan Williams de New York y llevada al cine con la adaptación de Jorge Masciángioli y bajo la dirección de Jorge Darnell en 1965. Además fue traducida al alemán, checo, inglés e italiano.

En 1964 publicó "Línea de fuego", libro de cuentos que se incluyeron en diversas antologías y fueron llevados a la televisión en varias ocasiones.

En 1965 obtuvo en Madrid el Premio Doncel por su libro de cuentos infantiles "Botella al mar". En 1969 publicó "Historias en rojo" que obtuvo el Primer Premio Municipal de Buenos Aires. En 1971 apareció "Extraño oficio" (Crónicas de una obsesión), novela propuesta para el Premio Nacional de Literatura de ese año. En 1972 publicó "Reportajes supersónicos", libro infantil que obtuvo la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores. En 1974, Syria Poletti fue distinguida por el Gobierno italiano con el título de Gran Caballero de la Estrella de la Solidaridad, por su obra cultural en Italia y Argentina. En 1977 publicó "Taller de imaginería" y en 1989 "...Y llegarán Buenos Aires".

Fue distinguida en muchas ocasiones por su labor de acercamiento cultural entre Italia y Argentina, y por su destacada participación como mujer en el ambiente cultural. Publicó una gran cantidad de libros para niños, además de los ya mencionados, que originó una selección en 1987 titulada "Cien cuentos de Syria Poletti".
El 11 de Abril 1991 murió la escritora de dos patrias, fiel a cada una de ellas, orgullosa de sí misma, siempre golpeada por la falta de afectos primarios
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